
Diamante de laboratorio vs natural: precio y diferencias
Un diamante de laboratorio es un diamante: mismo carbono, misma dureza, mismo brillo. Lo que cambia es el origen, el precio y cómo evoluciona. El criterio para decidir cuál te conviene.
Redacción DModa, a partir de un vídeo del Club DModa
Forma parte de la guía de calidad y tejidos: Cómo saber si una prenda es de calidad: 6 cosas que mirar
Un diamante de laboratorio es un diamante de verdad: carbono cristalizado con la misma estructura, la misma dureza y el mismo brillo que el de mina, pero fabricado en una máquina. A simple vista no se distinguen. Cambian el origen, el precio, mucho más bajo, y su futuro: se puede fabricar sin límite y su precio no deja de caer.
Por eso la pregunta útil no es cuál es mejor, sino para qué lo quieres: para llevar a diario, el de laboratorio cumple; para algo escaso que conserve valor, no. La clasificación general de gemas está en nuestra guía de piedras preciosas y semipreciosas.
¿Qué es un diamante de laboratorio?
Un diamante de laboratorio es un diamante fabricado por el ser humano que tiene la misma estructura cristalina que uno natural, átomos de carbono fuertemente enlazados, y prácticamente las mismas propiedades químicas, ópticas y físicas. Lo explica el GIA, el instituto gemológico de referencia, y es la clave de todo lo demás: no es una imitación, es la misma materia con otra historia.
La diferencia está en cómo ha crecido. Un diamante natural se forma durante millones de años a gran profundidad; uno de laboratorio, en una máquina. Esa historia deja huellas a escala atómica (pequeñas irregularidades e impurezas) que solo detecta el instrumental gemológico: el iD100 del GIA los separa en menos de dos segundos; una joyera con lupa, no.
La consecuencia práctica: nadie va a notar la diferencia en tu mano. La diferencia está en el papel que acompaña a la piedra y en lo que valdrá dentro de unos años.
¿Cómo se llama un diamante de laboratorio?
Se llama diamante de laboratorio, diamante creado en laboratorio o diamante sintético; en inglés, lab-grown diamond, y en el sector se abrevia LGD. La norma internacional ISO 18323 (2015), que respalda la confederación joyera CIBJO, establece que la palabra «diamante» a secas significa natural, que el fabricado debe llevar un calificativo claro y que no valen adjetivos como «cultivado», «real», «genuino» o «precioso», ni el nombre de una marca pegado a «diamante» como única aclaración.
En Estados Unidos, la FTC revisó sus guías de joyería en 2018: reconoce que es un diamante, pero exige un calificativo claro («de laboratorio», «creado en laboratorio») y prohíbe llamarlo «real», «genuino» o «natural».
En las tiendas verás variantes comerciales: Tous los agrupa como Tous Lab Diamonds y etiqueta las piezas como «creado en laboratorio» o «LGD»; Swarovski habla de Swarovski Created Diamonds. Lo que no es un diamante de laboratorio, aunque se confunda en las búsquedas: la moissanita y la circonita.
¿Cómo se hace un diamante de laboratorio? HPHT y CVD
Se hace de dos maneras, y las dos parten de una semilla, una lámina de diamante que sirve de molde para el cristal nuevo. Lo explica el GIA en su actualización de Gems & Gemology del verano de 2024:
- HPHT (alta presión y alta temperatura). Reproduce las condiciones del interior de la Tierra: una cápsula con grafito, un fundente metálico y la semilla se somete a 5-6 gigapascales, lo que equivale a estar entre 150 y 190 kilómetros bajo tierra, y a 1.300-1.600 °C. Según el tamaño y la calidad buscados, el diamante crece en un plazo que va de una hora a unas semanas.
- CVD (deposición química de vapor). Una mezcla de hidrógeno y metano pasa sobre las semillas en una cámara; las microondas activan un plasma y el carbono se deposita capa a capa.
Hoy domina el CVD entre las piedras que llegan al GIA, y desde 2020 alrededor del 80 % de las CVD pasa después por un tratamiento para mejorar el color. El método figura en el informe: pregúntalo.
Diamante de laboratorio vs natural: diferencias
La diferencia entre diamante de laboratorio y natural no está en lo que ves, sino en el origen, la escasez y el valor. Lo que importa al comprar:
| Diamante natural | Diamante de laboratorio | |
|---|---|---|
| Composición | Carbono cristalizado | Carbono cristalizado |
| Dureza (Mohs) | 10 | 10 |
| Origen | Mina, millones de años | HPHT o CVD, de horas a semanas |
| Escasez | Limitada por la naturaleza | Se puede fabricar sin límite |
| Precio | Alto | Muy inferior y en descenso |
| Evolución del precio | Ligada a la escasez | A la baja desde 2018 |
| Certificado habitual | GIA, IGI, HRD | IGI, GIA |
La fila que decide es la de la escasez: el de laboratorio se produce en cantidad, y el mercado lo descuenta. Como recuerda María José en el vídeo del club sobre gemas, por eso las cuatro piedras preciosas valen más que el resto: cuanto menos hay de algo, más exclusivo es y más valor le damos.
Diamante de laboratorio vs natural: precio
Un diamante de laboratorio cuesta hoy en torno a una cuarta parte que uno natural equivalente, y De Beers espera que su coste y su precio sigan bajando. Los datos, con su fecha:
- Precio mayorista. Al anunciar en mayo de 2025 el cierre de Lightbox, su marca de diamantes de laboratorio, De Beers calculaba que su precio al por mayor había caído un 90 % desde 2018, cerca ya del coste de fabricación.
- Precio en anillos de compromiso. Con sus datos de tasación, publicados en marzo de 2026, la aseguradora BriteCo situó la diferencia por quilate en un 72,8 % en 2025, frente al 26,6 % de 2019.
Eso no abarata cualquier joya: pagas también metal, diseño, talla y engaste. María José lo advierte en el vídeo:
«No te dejes engañar porque las gemas del laboratorio […] pueden tener también una altísima calidad, tener un brillo y un color espectaculares y de hecho tener también un precio bastante elevado.»
— María José Pérez, periodista de moda y fundadora del Club DModa
¿Es mejor un diamante de laboratorio o una moissanita?
Depende de si quieres un diamante o algo que lo parezca. El diamante de laboratorio es diamante; la moissanita y la circonita son simulantes: según el GIA, materiales sin relación con el diamante a nivel atómico.
La diferencia que más notarás con el uso es la dureza. En la tabla de la International Gem Society, el diamante marca 10, la moissanita sintética 9,5 y la circonita 8,5. La escala de Mohs no es lineal: de 9 a 10 hay mucha más distancia de la que parece, y una circonita en un anillo de diario acaba perdiendo nitidez en las aristas.
La circonita tiene su sitio en la bisutería de calidad, en piezas de tendencia que no pretenden durar décadas. María José la describe en el vídeo como la gema de laboratorio que imita al diamante con un brillo muy parecido, aunque sin llegar al de un buen diamante. La frontera la contamos en la diferencia entre joyería y bisutería.
Certificado de diamante de laboratorio: IGI o GIA
El certificado es lo único que te dice con seguridad qué compras, y a partir de cierto tamaño deberías pedirlo siempre. En las fichas verás el IGI y el GIA, y desde 2025 no cuentan lo mismo.
El GIA anunció en junio de 2025 que dejaría de graduar los diamantes de laboratorio con la escala de color y pureza de los naturales y los clasificaría como «premium» o «standard». Su argumento: más del 95 % de los que llegan al mercado caen en una franja muy estrecha de color y pureza. El IGI, que gradúa diamantes de laboratorio desde 2005, respondió en julio de 2025 que seguirá aplicando las 4 C (talla, quilates, color y pureza) a todos.
Cualquier informe debe decir que la piedra es de laboratorio, el método (HPHT o CVD) y si ha recibido tratamientos. El GIA, además, graba con láser en el filetín el número de informe y la mención de que es de laboratorio.
Anillo de diamante de laboratorio: cómo decidir
El anillo es donde más pesa esta decisión, y el mercado ya ha elegido: según el estudio de bodas de The Knot de 2026, hecho con parejas estadounidenses casadas en 2025, el 61 % de los anillos de compromiso lleva un diamante de laboratorio como piedra central.
El dato que hay que mirar es otro. BriteCo registró que la piedra central media de laboratorio pasó de 1,31 a 2,45 quilates entre 2019 y 2025. El ahorro no se queda en el bolsillo: se convierte en piedras más grandes. Antes de subir de quilates porque puedes, pregúntate si esa piedra encaja con tu mano y con las joyas que ya llevas, que es la lógica del joyero cápsula.
Tres decisiones pesan más que el tamaño: la talla, que da el brillo; el metal, que se mira con el ojo con el que se reconoce una prenda de calidad, y el engaste: las garras dejan entrar más luz y un bisel protege más la piedra, como explicamos en los tipos de engaste.
¿Es sostenible un diamante de laboratorio?
No necesariamente, y conviene desconfiar de la palabra. Un diamante de laboratorio evita la mina, pero fabricarlo consume mucha energía, y su huella depende de dónde salga esa electricidad.
La FTC estadounidense envió en abril de 2019 ocho cartas de advertencia a comercializadoras de joyas con diamantes de laboratorio o simulantes: nada de «eco-friendly» o «sostenible» sin matices, porque es muy improbable poder demostrarlo. Pide el dato concreto. Pandora, al pasarse a los de laboratorio en mayo de 2021, lo dio: más del 60 % de energía renovable de media.
El natural también merece pregunta. María José lo recuerda en el vídeo: pese a la regulación de la extracción, conviene mirar de dónde viene la piedra para comprar más tranquila. En los dos casos, datos, no adjetivos.
Más ideas en el Club DModa, donde María José y las socias comentan cada vídeo y lo que tienen en el joyero. Y la conclusión de esta guía cabe en una línea: un diamante de laboratorio es una buena piedra para llevar, no para guardar.
Preguntas frecuentes
¿Un diamante de laboratorio es un diamante real?
Sí en su química y su estructura: es carbono cristalizado como el de mina, con dureza 10. Pero se vende con un calificativo («de laboratorio», «creado en laboratorio» o «sintético»), y la norma ISO 18323 y la FTC prohíben presentarlo como «real» o «genuino».
¿Cómo saber si es diamante de laboratorio?
A simple vista, no se puede. La vía práctica es el certificado (IGI o GIA) y, en los del GIA, la inscripción láser del filetín con el número de informe.
¿El diamante de laboratorio se devalúa?
Sí. Su precio mayorista cayó un 90 % entre 2018 y 2025 según De Beers, porque se puede fabricar en cantidad. Cómpralo para llevarlo, no como inversión.
¿Qué es mejor, diamante de laboratorio o natural?
Para el aspecto y la resistencia, son iguales. El natural tiene sentido si valoras la escasez; el de laboratorio, si quieres la misma piedra por mucho menos dinero, sabiendo que no es una inversión.
¿Qué certificado debe tener un diamante de laboratorio?
Uno de un laboratorio independiente, como el IGI o el GIA, que diga que es de laboratorio, el método (HPHT o CVD) y los tratamientos.


