Por qué el rosa es de niña: la historia al revés
28 de septiembre de 2026
Redacción DModa, a partir de una clase del Club DModa
En 1918 una revista del sector infantil recomendaba rosa para los niños y azul para las niñas. La etiqueta que hoy parece eterna tiene menos de un siglo y la escribió el comercio.
¿Por qué el rosa es de niña? No por naturaleza ni por psicología del color: es una convención comercial reciente. En el siglo XVIII lo vestían hombres y mujeres, en 1918 una publicación del sector recomendaba rosa para niños y azul para niñas, y la división actual solo se asentó en Estados Unidos después de la Segunda Guerra Mundial.
En las pasarelas de primavera-verano 2026, María José Pérez, periodista de moda y fundadora del Club DModa, vio el rosa, sobre todo el rosa claro, compartiendo protagonismo con el amarillo mantequilla y el rojo. Buen momento para preguntarse por qué uno de los colores más menospreciados de Occidente carga con la etiqueta de «cosa de niñas». Ella parte de una idea del historiador Michel Pastoureau, que en 2024 dedicó un libro entero al rosa: es la sociedad la que crea el color, lo define y le da significado.
¿El rosa era de niños?
A ratos sí, y durante siglos no fue de nadie en particular. En el siglo XVIII, recuerda María José, las cortes europeas lo usaban sin distinción de sexo. En Versalles lo popularizó Madame de Pompadour, que llegó a tener un tono propio creado por la manufactura de porcelana de Sèvres, según la historia del color que recoge Wikipedia, pero los hombres lo vestían igualmente. El motivo, según ella: se veía como un rojo rebajado, y si el rojo era el color de la guerra y del vigor, el rosa era su versión joven. Esa connotación de juventud acompaña al rosa, y a los pasteles en general, a lo largo de toda su historia.
El siglo XIX trajo lo que el psicólogo John Flügel bautizó en 1930 como la gran renuncia masculina: los hombres acomodados abandonaron el color y el adorno para adoptar el traje sobrio, y el color quedó relegado a lo doméstico, lo femenino y lo infantil. Es una de las raíces de la cromofobia occidental. Aun así, a principios del siglo XX la asignación de rosa y azul seguía siendo bastante aleatoria.
¿Por qué el rosa es para niñas y el azul para niños?
Porque así lo fue fijando el comercio, sobre todo en Estados Unidos, entre los años cuarenta y los ochenta. Antes, las marcas no se ponían de acuerdo. En junio de 1918, la publicación del sector Earnshaw's Infants' Department escribía que «la regla generalmente aceptada es rosa para el niño y azul para la niña», porque el rosa, «más decidido y fuerte», le iba mejor al niño, y el azul, «más delicado», era más bonito para la niña (Smithsonian Magazine). En 1927, una tabla de la revista Time mostraba a los grandes almacenes divididos: Filene's en Boston o Marshall Field's en Chicago recomendaban rosa para los niños; otros, lo contrario.
María José subraya lo relevante de ese dato: mandaba el stock, no ninguna razón de psicología del color.
| Momento | Qué pasa con el rosa | Fuente |
|---|---|---|
| Siglo XVIII | Lo llevan hombres y mujeres; Madame de Pompadour lo populariza en Versalles | Wikipedia |
| 1918 | Earnshaw's Infants' Department recomienda rosa para niños y azul para niñas | Smithsonian |
| 1927 | Time publica que los grandes almacenes no se ponen de acuerdo | Smithsonian |
| Desde mediados de los 40 | La asignación rosa-niña y azul-niño se endurece | Smithsonian |
| Mediados de los 60 a mediados de los 80 | Domina la ropa infantil unisex | Smithsonian |
| Hacia 1985 | Las pruebas prenatales devuelven el rosa y el azul | Smithsonian |
¿Hubo un giro brusco tras la guerra?
No tanto como se cuenta. El relato habitual, que María José reconoce haber repetido alguna vez, dice que tras la Segunda Guerra Mundial las tornas cambiaron de golpe. Investigando más, la realidad es más compleja. La historiadora Jo Paoletti, autora de Pink and Blue: Telling the Boys from the Girls in America, describe un limbo comercial entre finales del XIX y principios del XX, con opiniones para todos los gustos.
Y en 2012 el psicólogo Marco Del Giudice revisó en Archives of Sexual Behavior una base de datos de más de cinco millones de libros publicados en Estados Unidos entre 1880 y 1980. Encontró que la asociación de rosa para niñas y azul para niños era bastante consistente a lo largo del tiempo. La idea ya se estaba cultivando en el imaginario colectivo aunque el stock de algunos almacenes dijera lo contrario. El cambio no fue un salto: fue una cristalización a fuego lento.
Cómo se convirtió el rosa en el color de las niñas
La posguerra estadounidense lo abrazó porque vendía. Según María José, cualquier cosa teñida de rosa pasaba a ser susceptible de venderse a mujeres y niñas, y el marketing lo usó sistemáticamente para lo doméstico, hasta feminizar cocinas y electrodomésticos. La cultura pop hizo el resto: en Una cara con ángel (1957), con Audrey Hepburn, la directora de una revista de moda protagoniza el número musical «Think Pink!».
Es la época que Betty Friedan retrató en La mística de la feminidad, publicado en 1963 y clave para la segunda ola feminista. Friedan no habla del rosa, pero María José lo ve como el uniforme visual de aquella era. Por eso, con la liberación de la mujer de los setenta, el rosa casi desaparece de la moda femenina y de la ropa infantil: rechazarlo era la manera más rápida de distanciarse de un modelo con el que no estaban satisfechas.
La vuelta llegó con la tecnología. Hacia 1985, cuando las pruebas prenatales empezaron a revelar el sexo del bebé, los padres se fueron de compras a por productos «de niña» o «de niño», según Smithsonian. Hasta entonces, la puericultura se vendía en blanco, amarillo o tonos crudos. Las marcas vieron la oportunidad de un ajuar completo por color, y ahí seguimos.
Del shocking pink de Schiaparelli al rosa Barbie
No todos los rosas cuentan la misma historia. En 1937, Elsa Schiaparelli, una de las figuras de la alta costura de entreguerras, convirtió en seña de su casa el shocking pink, que dio nombre a su perfume Shocking. En su autobiografía lo describió como un color brillante, imposible, impúdico y lleno de vida, puro y sin diluir (Storied Colors). No era un rosa dócil.
Barbie, en cambio, nació en 1959 con un bañador de rayas blancas y negras, y el rosa llegó después: hoy Mattel usa en su logo y sus envases el Pantone 219C. Para María José, Mattel buscaba un color llamativo para las estanterías, no un manifiesto, pero al ponerlo en una muñeca lo despojó de lo reivindicativo y terminó de soldar rosa y feminidad. Y en los noventa y los dosmil, añade, la cultura pop lo convirtió en el color de la rubia tonta y sexualizada. Una rubia muy legal (2001) es el mejor retrato de ese desprecio, y también de cómo darle la vuelta: Elle Woods triunfa sin quitarse el rosa.
Millennial pink: hacer las paces con el color
El millennial pink fue un rosa que no parecía rosa, y por eso funcionó. En 2016, Pantone eligió como color del año la pareja Rose Quartz y Serenity. Ese verano, Véronique Hyland, de The Cut, se preguntó por qué a las mujeres millennials les gustaba tanto aquel rosa desaturado, y nació la etiqueta. La propia revista lo resumía en 2017: el color había soltado su equipaje de niña cursi para volverse andrógino, del maquillaje de Glossier al iPhone de oro rosa.
La lectura de María José: nos habían metido tanto prejuicio que necesitamos un rosa que no se comprometiera para empezar a reconciliarnos con él.
El rosa como protesta y como poder
El paso siguiente fue la Marcha de las Mujeres de 2017, con miles de gorros rosas tejidos a mano del Pussyhat Project, impulsado por Krista Suh y Jayna Zweiman. Tejer, una labor femenina menospreciada, se convirtió en herramienta de protesta masiva, y el rosa, en un grito visual imposible de ignorar.
No es que todas tengamos que llevar rosa, ni falda, ni flores, ni todos los códigos tradicionalmente femeninos. La cuestión es que nos dejen decidir y no nos menosprecien. Podemos ser poderosas vestidas de rosa.
— María José Pérez, periodista de moda y fundadora del Club DModa
Por eso importa que el rosa sea tendencia ahora: cuando lo usan firmas de lujo asociadas al estatus y a lo intelectual, el color se empapa de esas connotaciones. Si quieres llevarlo, tienes las parejas que funcionan en con qué color combina el rosa y el porqué de cada mensaje en la psicología del color en moda. La historia completa, con todos sus matices, es una de las clases del Club DModa, la comunidad de pago de DModa donde se profundiza en estos temas.
El rosa no nació de niña: se lo asignaron. Y lo que se asigna se puede reasignar.
Preguntas frecuentes
¿Por qué el rosa es para niñas y el azul para niños?
Por una convención comercial que se fue asentando en Estados Unidos desde mediados de los años cuarenta y que las pruebas prenatales reforzaron hacia 1985. No responde a ninguna razón psicológica: en 1918 una publicación del sector recomendaba justo lo contrario.
¿El rosa era el color de los niños?
Hubo quien lo recomendaba para ellos: en 1918 se decía que era un color más fuerte, adecuado para el niño, y en 1927 varios grandes almacenes estadounidenses seguían aconsejándolo. Pero no era una norma universal, y un estudio de 2012 sobre libros publicados entre 1880 y 1980 encontró bastante constancia en la asociación del rosa con las niñas.
¿Qué significa el color rosa?
Depende de la época y del tono. Ha significado juventud, feminidad doméstica y, en los noventa, superficialidad; el shocking pink de Schiaparelli era audacia, y desde 2017 el rosa también es protesta y reivindicación.
¿Qué es el millennial pink?
Es un rosa desaturado, entre el salmón y el beige, que se popularizó a mediados de la década de 2010. Se le llamó así en 2016 y se leyó como un rosa andrógino, sin las connotaciones cursis del rosa tradicional.
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