Historia del encaje: lujo, poder y espionaje
28 de septiembre de 2026
Redacción DModa, a partir de una clase del Club DModa
Nació entre Venecia y Flandes, lo lucían reyes y cortesanos, provocó leyes contra su importación y hasta una operación de espionaje industrial. Y lo tejían mujeres que cobraban céntimos.
La historia del encaje empieza en el siglo XVI entre Italia y Flandes, donde nacieron el encaje de aguja y el de bolillos. En los siglos XVII y XVIII fue el gran lujo del poder, también masculino: provocó leyes contra su importación y una operación de espionaje industrial en Francia. La máquina lo abarató en el XIX.
Llevamos desde 2025 viéndolo en todas partes y el otoño-invierno no lo suelta. Es un tejido que asociamos a la sensualidad, a la fantasía y al romanticismo, pero su pasado va por otro lado: dinero, horas de trabajo femenino sin nombre y una rivalidad entre países que acabó en algo muy parecido al robo de secretos.
¿Qué es el encaje?
El encaje es un tejido ornamental y calado que se construye uniendo hilos mediante mallas, lazadas y calados, sin necesidad de una tela de base. Sus motivos suelen ser florales y puede hacerse a mano, con bolillos, con aguja o con ganchillo, o a máquina. Tradicionalmente se ha trabajado con hilo de seda, de algodón o de lino. Pesa poco, es suave y es muy delicado: se engancha y se desgarra con facilidad. Esa fragilidad explica buena parte de su valor histórico, como verás enseguida.
Hay muchos tipos según su origen y su acabado. Estos son los que más vas a oír:
| Tipo | Técnica | Origen | Cómo reconocerlo |
|---|---|---|---|
| Encaje de aguja (veneciano) | Puntadas de ojal sobre un patrón de pergamino que luego se retira | Venecia, siglo XVI | Relieve casi escultórico, como si el dibujo flotara |
| Encaje de bolillos | Hilos enrollados en bolillos que se cruzan sobre una almohadilla marcada con alfileres | Italia; se populariza en Flandes | Dibujos más fluidos y orgánicos |
| Punto de Francia (Alençon) | Aguja | Francia, desde 1665 | Ligero, con motivos pequeños y simétricos |
| Blonda | Bolillos en seda | Francia, siglos XVIII y XIX | Flores de hilo más grueso que contrastan con el fondo |
| Chantilly | Bolillos | Francia | Pariente de la blonda: comparten los mismos puntos |
| Encaje mecánico | Máquinas de tul y de patrón | Inglaterra y Francia, siglo XIX | Regular, más asequible |
La blonda como encaje de bolillos de seda francés, con los mismos puntos que el chantilly, está en la entrada de Wikipedia sobre la blonda.
¿De dónde viene el encaje? Venecia contra Flandes
El encaje no tiene un origen ancestral: como tejido independiente nació en Europa entre mediados y finales del siglo XVI, a partir del bordado y del trenzado, según la exposición Threads of Power, del Bard Graduate Center. Hubo calados y bordados abiertos en civilizaciones antiguas, igual que hubo flecos desde Mesopotamia, pero el encaje tal como lo conocemos es moderno.
Lo curioso es que apareció casi a la vez en dos focos que se han disputado durante siglos el origen y el prestigio. Italia, con Venecia a la cabeza, se quedó con el encaje de aguja: la encajera construía una estructura de hilo sobre un patrón de pergamino, a base de puntadas de ojal, y al retirar el soporte quedaba un tejido que parecía sostenerse en el aire. Flandes hizo suyo el de bolillos, que probablemente también surgió en Italia pero se popularizó allí, con Amberes como gran mercado internacional. El bolillo permitía diseños más fluidos que la aguja.
Los diseños viajaron con los libros de patrones textiles impresos, de los que se publicaron más de cien entre 1524 y 1600, según la misma exposición. Pero el trabajo seguía siendo lentísimo: cada pieza costaba el hilo y muchas horas de oficio.
¿Por qué el encaje era símbolo de poder?
Porque era carísimo y porque su fragilidad demostraba que quien lo llevaba no trabajaba con las manos. En los siglos XVII y XVIII, su época dorada, el encaje era cosa de hombres tanto como de mujeres, aunque hoy lo asociemos a la feminidad. En la corte de los Habsburgo, por ejemplo, los hombres llevaban la lechuguilla, un cuello almidonado de proporciones enormes rematado en encaje, y puños muy visibles, sobre ropa negra que hacía resaltar el blanco (Bard Graduate Center).
Lo que demostraban era algo tan simple como que tenían muchísimo dinero para poder gastarlo en esto. Y no solo es que pudiesen permitírselo, sino que además demostraban que no tenían que dedicarse a ningún tipo de trabajo manual.
— María José Pérez, periodista de moda y fundadora del Club DModa
Nadie iba a trabajar al campo con un cuello de encaje, porque acabaría enganchado y roto el primer día. Si pertenecías a la aristocracia, en cambio, tus manos no se manchaban y tu encaje seguía intacto. Es la misma lógica que explica por qué muchos lujos de hoy son deliberadamente poco prácticos, y la desarrollamos en por qué el lujo es tan caro.
Leyes suntuarias y el espionaje de Colbert
El gasto de la nobleza en encaje flamenco e italiano llegó a ser tan desorbitado que Francia, España e Inglaterra aprobaron leyes para prohibir o limitar su importación. La prohibición francesa del encaje extranjero, con leyes parecidas en España e Inglaterra para proteger la producción local, la recoge la enciclopedia Fashion, Costume, and Culture. En España, además, sucesivos reyes dictaron leyes suntuarias para restringir quién podía llevar cada tipo de encaje, según el Bard Graduate Center. Como los grandes centros de producción seguían en Italia y Flandes, la escasez disparó el deseo y los precios, y María José recuerda que acabó floreciendo un mercado negro.
Al ministro de Finanzas de Luis XIV, Jean-Baptiste Colbert, le quitaba el sueño la cantidad de dinero francés que se iba a Flandes. Su respuesta fue lo que hoy llamaríamos espionaje industrial. En 1665, él y el rey fundaron la industria francesa del encaje con manufacturas en centros como Alençon y Sedan, y atrajeron a maestras encajeras y a sus trabajadoras desde los Países Bajos del sur y la península italiana para que enseñaran su técnica (Bard Graduate Center). La leyenda más novelesca dice que no las reclutó, sino que las secuestró. Lo documentado es el resultado: a finales de siglo, el punto de Francia era un encaje de aguja ligero que había desbancado al veneciano como el más de moda en Francia y en toda Europa.
¿Quién hacía el encaje?
Mujeres, casi siempre anónimas y muchas desde niñas, que pasaban horas en condiciones insalubres por una paga ínfima. El Bard Graduate Center da la medida: una encajera francesa ganaba entre dos y trece sols al día y podía tardar hasta un año en terminar un juego de volantes para las mangas. El beneficio se lo quedaban los intermediarios, que compraban a las artesanas e inflaban el precio al vender a la aristocracia.
Es el lado que no sale en los retratos de Versalles, y no ha desaparecido del todo: la artesanía sigue siendo un argumento de precio que no siempre llega a quien la hace, y a veces ni siquiera es artesanía, como contamos en craft washing.
Cómo pasó el encaje de los reyes a la lencería
Dos revoluciones lo sacaron del ultralujo. La francesa hizo caer la ostentación aristocrática, y la producción europea de encaje se hundió entre 1789 y 1799. La industrial trajo las máquinas: John Heathcoat patentó en 1808 y 1809 su máquina de tul, el bobbinet, y en 1813 John Levers la adaptó en Nottingham para crear la máquina Leavers, que con un mecanismo Jacquard llegó a tejer el encaje completo, dibujo incluido. A mediados del XIX el encaje mecánico se parecía mucho al hecho a mano, y la clase media podía comprar piezas bien diseñadas y mucho más asequibles, fabricadas en las Midlands inglesas o en Calais y Caudry (Bard Graduate Center). El precio, otra vez, lo pagaron los oficios artesanos.
Con esa democratización, sobre todo en el siglo XX, el encaje multiplicó sus significados:
- Tradición y riqueza, sobre todo el hecho a mano, que sigue en la alta costura y en los vestidos de novia.
- Rebeldía en el gótico y el punk de los ochenta, que lo usaron para ironizar sobre su romanticismo y darle una feminidad oscura y poderosa.
- Seducción, el código que más ha sobrevivido, gracias a la lencería y a las prendas de tocador.
Cómo leer el encaje hoy
Lo que comunica una pieza de encaje depende del dibujo, de la opacidad, del color y de la prenda que adorna o construye. No dice lo mismo una mantilla blanca que un vestido lencero con blonda o una falda de encaje burdeos. Si buscas la vertiente romántica, está en el estilo coquette; si te interesa por qué cada textura cuenta algo distinto sobre ti, en la psicología de los tejidos.
Este recorrido sale de una de las clases de historia de la moda del Club DModa, la comunidad de pago de DModa donde se profundiza en estos temas. María José insiste en algo al cerrar la clase: lo que te evoca el encaje también cuenta, porque esas asociaciones son muy personales y cambian la lectura de cada pieza.
La próxima vez que tengas una pieza de encaje entre las manos, piensa que durante dos siglos sirvió para anunciar que quien la llevaba no trabajaba, y que la tejían mujeres que cobraban unos pocos sols al día.
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene el encaje?
El encaje como tejido independiente nació en Europa en el siglo XVI, a partir de técnicas de bordado y trenzado que ya existían. Sus dos grandes focos fueron Italia, con Venecia y el encaje de aguja, y Flandes, con el de bolillos.
¿Cuál es el origen del encaje de bolillos?
Probablemente surgió en Italia, pero se popularizó en Flandes, con Amberes como gran centro de comercio, y vivió su apogeo en el siglo XVII. Se hace cruzando hilos enrollados en bolillos sobre una almohadilla con un patrón marcado por alfileres.
¿Qué tipos de encaje hay?
Por técnica, de aguja, de bolillos, de ganchillo y mecánico. Por origen y acabado, algunos de los más conocidos son el veneciano, el punto de Francia de Alençon, la blonda y el chantilly.
¿Qué es el encaje en la ropa?
Es un tejido calado y ornamental, hecho uniendo hilos con mallas, lazadas y calados, que se usa como adorno en cuellos, puños o bajos, o para construir la prenda entera. Suele tener motivos florales, pesa poco y es delicado, así que se engancha con facilidad.
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