
Faldas tendencia primavera-verano 2024: midi y microfalda
En 2024 la falda midi burguesa, transparente o con flecos, convivió con la microfalda de cuero de inspiración noventera. Qué se llevó, de dónde venía cada largo y por qué cada uno comunica algo distinto.
Redacción DModa · Revisado el 28 de septiembre de 2026
Forma parte de la guía de tendencias de temporada: Tendencias otoño-invierno 2026-2027 y cómo llevarlas
En 2024 una idea atravesó muchísimas de las propuestas de pasarela: la de la «burguesa», una feminidad clásica, casi nostálgica, que se recupera para renovarla un poco. Y si vamos a recurrir a arquetipos de feminidad clásica, tiene todo el sentido que las faldas tendencia de la primavera-verano 2024 fueran protagonistas. Los pantalones llevan décadas siendo nuestros compañeros de batalla y seguían muy presentes en pasarela, pero ese año la falda reclamó su sitio. Aunque no cualquier falda, ni de cualquier manera.
El auge de la falda midi
Hay que empezar por la pieza que pasó de opción conservadora a casi básico: la falda midi. No era solo una percepción. Según Tagwalk, su presencia entre las marcas más relevantes del momento había crecido con fuerza respecto al verano de 2023. Y como quién promueve una tendencia importa, el dato es relevante: cuando las firmas top apuestan tan fuerte por una silueta, lo normal es que acabe en las tiendas más accesibles.
¿Por qué entonces? Tagwalk lo resumía así: lo burgués y lo femenino eran tendencias en fuerte ascenso. La temporada anterior, con la película de Barbie a punto de estrenarse, los diseñadores se habían inclinado por minifaldas y vestidos cortos. En 2024 se dio una fuerte yuxtaposición entre la tendencia micro y la midi, con faldas midi en una gama amplísima de colores y materiales, desde las de cuero de Gucci hasta las de crepé transparente de Prada.
A pesar de su asociación con una mujer más o menos tradicional, cada forma y cada detalle llevan esa feminidad por caminos distintos. No se trata de disfrazarse de bibliotecaria de los 50, sino de jugar con los códigos. Dos ejemplos:
La midi transparente: la burguesa subversiva
La falda midi transparente no era nueva: Prada ya la había presentado un par de colecciones de otoño-invierno antes y se había visto en tiendas la temporada anterior. Pero ese verano siguió, en Prada, en Miu Miu y en muchas otras firmas. Lo interesante es que la transparencia añade una capa de sensualidad que la burguesa clásica, más recatada, no tiene. Es casi un acto subversivo: llevas el largo por donde se supone que debes llevarlo, pero enseñas las piernas y juegas con el espacio en blanco. Es jugar con la trampa de la norma.
La midi con flecos
Tiene menos carga simbólica que la transparente, pero es un ejemplo perfecto de cómo una falda midi puede ser un lienzo al que añadir otras tendencias. Los flecos pueden ir desde un pequeño detalle en el bajo hasta cubrir la falda entera o ser la propia falda: no hace falta irse al todo o nada. Y aportan un punto lúdico que relaja a la burguesa y la hace más cercana.
Por qué la midi es «de señora»: un siglo enseñando las piernas
Damos por sentado enseñar las piernas, pero es un fenómeno reciente. Como recuerda la diseñadora e investigadora de vestuario escénico Diana Fernández, desde la Antigüedad el hombre podía mostrar las piernas bajo túnicas o mantos mientras la mujer debía mantenerlas ocultas, y esa diferencia se mantuvo hasta que en los años 20 las enseñó por primera vez. A grandes rasgos, llevamos solo un siglo haciéndolo.
Y no pasamos directamente a la minifalda. Hubo algún caso entre las flappers, pero lo que se llevó fue el largo midi, una pequeña revolución que el statu quo absorbió enseguida. A partir de ahí, la silueta midi evolucionó sin abandonarnos: más amplia y recta en los 20, más sobria en los 30 y los 40 por la influencia militar de la Segunda Guerra Mundial, con enorme vuelo a partir del New Look de Dior en 1947 y, en los 50, la estética rockabilly, el último momento en que la midi estuvo ligada a la juventud.
Luego llegaron los 60 y la revolución juvenil. El baby boom de la posguerra dejó una población muy joven, la píldora anticonceptiva abrió la puerta a una libertad sexual nueva, más jóvenes iban a la universidad y había un panorama cultural efervescente con epicentro en Londres; la revista Time dedicó su número de abril de 1966 a la «Swinging City». La prenda que cristalizó ese hedonismo fue la minifalda, una revolución mayor que la midi de los 20, porque dejaba al descubierto los muslos. Mary Quant la popularizó en la calle y Courrèges y Pierre Cardin la llevaron a sus colecciones, y el sistema la absorbió también rápido. De ahí viene la dicotomía que seguimos arrastrando: midi, mujer austera, sobria y burguesa; minifalda, joven y divertida. Simplificando mucho, claro.
Micro, no mini
En 2024 la dicotomía se desdibujó, porque frente a la midi no hubo minifalda propiamente dicha, sino microfalda. Tagwalk lo advertía en su informe de temporada: micro no debe confundirse con mini, es incluso más corto, e incluye shorts que podrían considerarse bragas y microvestidos que podrían ser blusas largas. Aunque la mayoría de los looks de pasarela volvía a lo delicado y romántico, un pequeño porcentaje adoptó las prendas ultracortas.
Curiosamente, muchas de esas faldas micro y mini también estaban dentro de la feminidad clásica, con colores pastel y flores: menos burguesa y más «hija de burguesa», si lo prefieres. Otras eran rectilíneas, muy alineadas con el minimalismo que atravesaba la temporada y con la estética de la recesión y el lujo silencioso.
La microfalda de cuero
El mejor ejemplo es la microfalda de cuero, de inspiración noventera, una década que nunca se va del todo. El cuero y la piel tuvieron una presencia destacada en las colecciones de primavera-verano, algo curioso en un material que asociamos al invierno, y la minifalda es de las prendas más versátiles para llevarlo con calor.
El matiz es interesante: si la minifalda comunica juventud, diversión y algo de rebeldía, el cuero le añade potencia, seguridad y un punto agresivo, incluso cierta madurez. Parece decir: «conozco las reglas de la burguesa, pero elijo romperlas».
¿Midi o micro?
Las faldas de 2024 planteaban una dicotomía interesante: la seguridad renovada de la midi, con sus transparencias y sus flecos, frente a la audacia de la microfalda, heredera de la revolución juvenil y del minimalismo de los 90. No hace falta elegir bando. Puedes pasar de la burguesa sofisticada a la rebelde según te levantes cada mañana. Lo importante es entender qué comunica cada largo y usarlo a tu favor. Un año después, lo corto seguía ahí: lo verás en las tendencias primavera-verano 2025. Y la falda sigue en primera fila: Prada ha hecho un desfile entero de faldas en las tendencias primavera-verano 2027, y para el frío tienes las fórmulas de falda midi en invierno.
Este repaso sale de una clase del Club DModa, la comunidad de pago de DModa donde se profundiza en tendencias, estilo y armario.
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